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10 de octubre: El día que Liberación Nacional decide si la renovación fue una campaña o un proyecto

Política | Costa Rica | 20 de setiembre, 2026

Máximo órgano del PLN elige el Comité Ejecutivo Superior. Detrás de cada asambleísta hay 3.747 costarricenses que le dieron su voto a Álvaro Ramos.

El Partido Liberación Nacional llega a su Asamblea Nacional del 10 de octubre con una pregunta que no se resuelve entre delegados, sino frente a un electorado que ya demostró que sabe castigar. La elección del Comité Ejecutivo Superior no es un trámite estatutario: es la primera señal pública, con nombres propios, de si la transformación que la ciudadanía premió en febrero continúa o si fue un paréntesis.

Los números explican por qué la señal pesa. Laura Fernández, ganó la presidencia en primera ronda con el 48,53% de los votos, mientras Álvaro Ramos alcanzó 861.879 votos, para un 33,65% de los sufragios válidos, según la declaratoria oficial del TSE. Es una derrota, pero también el mejor desempeño presidencial verdiblanco en más de una década ya que ninguna candidatura liberacionista había superado ese umbral desde 2010. Ramos compitió con un estilo distinto, técnico, frontal, sin cuestionamientos y con eso, recuperó votantes que llevaban tres ciclos mirando hacia otro lado.

La confianza fue prestada, no transferida

Ahí aparece el dato que debería ordenar la discusión del 10 de octubre. En la papeleta legislativa el PLN obtuvo 23,25%  de los votos y 17 diputaciones, dos menos que en el período anterior. La distancia entre el 33,65% presidencial y el 23,25% partidario tiene una lectura sencilla: buena parte de ese voto no fue al PLN, fue a Ramos. Fue confianza prestada. Y lo prestado se devuelve.

El contexto agrava la lectura. Estas elecciones no ocurrieron en un país apático: la participación llegó al 69,22%, más de nueve puntos por encima del proceso anterior, revirtiendo una tendencia de abstencionismo creciente que se arrastraba desde 2014. Los costarricenses volvieron a las urnas. El PLN creció, pero creció menos de lo que creció el electorado.

Reciclarse no es lo mismo que morir

Conviene precisar aquí una distinción que suele perderse en el análisis rápido. Tres partidos con diputaciones en 2022-2026 quedaron sin escaños: Nueva República, Liberal Progresista y Progreso Social Democrático. Pero el caso del PPSD no es una desaparición por castigo: fue el vehículo con el que Rodrigo Chaves llegó al poder y su estructura, su capital político y su aparato mediático migraron a Pueblo Soberano. Es decir, cambió de envase, no de contenido.

El caso ejemplar de muerte electoral sigue siendo el PAC que pasó de gobernar ocho años a la irrelevancia en un solo ciclo, sin que ninguna estructura lo heredara, porque el electorado le cobró decisiones que el partido consideraba asuntos internos. Su legado apenas regresó al Congreso con un escaño mediante la Coalición Agenda Ciudadana.

Esa es la advertencia real. No la de un partido que se recicla, sino la de uno que se extingue porque dejó de escuchar.

Quién decide, y ante quién responde

Aquí importa entender quién decide. Los aproximadamente 230 asambleístas nacionales que votarán el 10 de octubre no llegan en nombre propio. Llegan porque las Asambleas Cantonales les confiaron su representación. Cada voto emitido en esa asamblea debe ser la traducción de una decisión que viene desde los territorios, no de una negociación de cúpula que después se les comunica a las bases.

Esos 230 delegados y delegadas tienen un segundo destinatario, más grande y menos visible en el salón, las 861.879 personas que le confiaron su voto al liderazgo de Álvaro Ramos y, a través de él, se lo transfirieron al partido. Son 3.747 votos ciudadanos detrás de cada asambleísta. Ese es el peso real de la papeleta del 10 de octubre.

Dos mensajes posibles

El primero, si la asamblea produce una fórmula integrada por los mismos rostros que han rotado en la estructura durante tres décadas, el mensaje será que la renovación se agotó con el conteo manual de los votos. El segundo, si produce una fórmula con liderazgos diversos y complementarios en trayectoria profesional y partidaria, sin pasivos políticos y capaces de hablarle a quien votó verdiblanco por primera vez, el mensaje será que el partido entendió la transferencia de confianza con la que se le premió en febrero.

El éxito de la campaña pasada no fue accidental: ocurrió porque se abrieron espacios y emergieron liderazgos que el aparato no había previsto.

Cerrarlos ahora sería difícil de explicar para quienes confiaron con su voto en el partido durante la pasada elección, pero sobre todo para quienes se mantienen vigilantes de las señales de que el proceso de renovación en Liberación Nacional no acabo la noche del 01 de febrero.

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Redacción Radar

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